Soy PAS, ¿y ahora qué?

El día que descubres que eres una Persona Altamente Sensible (PAS), algo hace «clic» en tu cerebro. De repente, esa sensación de haber vivido generalmente a contracorriente sin “encajar” del todo en muchos sitios, de sentirlo todo con intensidad, o de agotarte en lugares donde los demás parecían disfrutar… cobra todo el sentido del mundo.

Como digo en sobre mí, cuando sabes quién eres todo cambia. Yo viví ese momento hace más de una década, mientras residía a las afueras de Londres. Llevaba años trabajando como arquitecta, un trabajo que me gustaba pero sometida a un nivel de autoexigencia y estrés bastante altos que había normalizado (y hasta premiado).

Descubrir el término “alta sensibilidad y PAS” fue como encontrar esa pieza del puzzle que llevaba toda la vida buscando.

Pero, ¿qué pasa el día después de ponerle nombre? La verdad es que descubrir que eres PAS no es la meta, es solo la casilla de salida de un profundo viaje interior. Cada persona es diferente, pero la mayoría compartimos algunas etapas por las que solemos pasar:

  • El alivio: «No soy un bicho raro». La primera emoción suele ser un gran alivio. Te das cuenta de que no hay nada malo en ti, que no eres una persona “rota” ni tampoco “demasiado”, sino que tu sistema nervioso simplemente está diseñado para procesar el mundo con otra profundidad al de la mayoría. Ni mejor ni peor, diferente. Es el momento de soltar la culpa, la comparación y la exigencia de los “deberías”.
  • Ponerte las «gafas PAS» y reescribir tu historia. Aquí es donde empieza el trabajo interesante, ya que empiezas a mirar hacia atrás, a tu infancia, a tus relaciones pasadas y a tus decisiones laborales, pero esta vez con las «gafas de la sensibilidad» puestas. Entiendes por qué reaccionaste de cierta manera en aquella discusión, o por qué necesitaste aislarte en aquel viaje familiar. Reescribir tu historia vital desde esta nueva mirada es un gran viaje emocional que al final puede aportarte mucha paz y autocompasión.
  • La integración, del papel a la vida real. Este es el paso crítico. Sé por experiencia (propia y de muchas PAS con las que trabajo) que por mucha teoría que leas sobre la alta sensibilidad, la verdadera transformación ocurre cuando la integras en tu vida diaria.

Integrar el rasgo en tu vida significa aprender a vivir a favor de tu sensibilidad, y no en su contra, como es lo habitual, ya que el mundo generalmente no está diseñado para las PAS.

Propuestas de acción para tu día a día

Puedes empezar a implementar el rasgo mediante alguna de estas propuestas prácticas:

  • Informarte bien en sitios actualizados, con libros, charlas y documentales, pero dosificando la información para no abrumarte (ojo a la infoxicación).
  • Poner límites claros mejorando tu comunicación asertiva y permitirte momentos a solas o en silencio para cuidar tu energía.
  • Mimar tu entorno para que sea sensorialmente amable (orden visual, belleza, recuerdos agradables).
  • Practicar alguna afición artística que te guste aunque no se te dé bien (baile, pintura, fotografía, escritura… déjate llevar y prioriza tu bienestar más que el resultado).
  • Organizar tu tiempo sin exigencias permitiéndote parar más allá de dormir sin sentir que “no haces lo suficiente”.
  • Cuidar tu sistema nervioso desde la calma reduciendo estímulos (tecnología, cafeína, alcohol, tabaco, ruidos, etc).

Como siempre digo, eres PAS… y mucho más. Usa toda esta información como herramienta para diseñar una vida y un trabajo que respeten tus ritmos y tus valores. Si no sabes por dónde empezar y quieres pasar de la teoría a la práctica, puedo acompañarte en mis sesiones; reserva una sesión de valoración gratuita y charlamos.

Sello de la Grulla

Para reflexionar ahora

Sobre todo, rodéate de personas y entornos que valoren tu sensibilidad, empezando por ti misma.

De todo esto, ¿hay algo que no haces y podrías poner en práctica? A veces se trata de hacer menos de algo para dejar espacio a lo que realmente nos sienta bien.

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